El viaje de Santiago a Viña no se me hizo largo ni tedioso, ya que ensimismado miraba tus imagenes y videos en Instagram, porque que tu eres mi placer culpable.Antes de lo pensado ya había llegado a la ciudad de Viña del Mar. Cerca de allí estaba el Casino Viñamarino, lugar del esperado encuentro.
Al llegar al lugar de mi alojamiento, fui directo al bar del hotel a esperarla como habíamos quedado un par de días antes.
Pedí un Campari tónica para refrescarme de la larga travesía. Fue ahí cuando la vi entrar, despampanante, casi flotando, con esa cadencia DeLIDIOSA al andar. Morena, guapa, segura y sexy. Ya de lejos la veía aproximarse con esa hipnotizante sonrisa en su boca. Al llegar junto a mi no pude evitar besarla a dos manos, guardando instantáneamente su perfume en mi memoria.
Su encanto, su voz y su sonrisa son el botín más preciado en esta tan anhelada cita. Su presencia iluminaba todo el salón, así que pedimos un par de cocktail para comenzar.
Transcurrieron las horas entre risas y anécdotas. Ella sin duda es una compañía sin igual, atractiva y divertida, adjetivos que juntos se hacen irresistibles.
Yo, -como un bobo-, cada cierto tiempo no podía evitar mirar sus bronceadas piernas al entrecruzarlas, o el deseoso contenido de ese precioso escote, que le sienta tan bien.
Sin darnos cuenta el tiempo pasó volando, y una copa llevó a la otra, y a otra, que nos tornaron leves en nuestros pasos cuando finalmente decidimos subir a la habitación.
Con la llave de la habitación en la mano nos besamos con locura mientras subíamos por el ascensor, como si fueramos unos adolescentes desatados.
El pudor me invadía a ratos al saber que había cámaras en todos lados, pero a la vez era excitante tumbarnos por los muros, a carreras, riendo y besándonos como si el mundo se fuese a acabar. Mi mente daba vueltas a mil por hora, mientras sentía sus caderas apegadas fuertemente contra mis caderas y la dulzura de su lengua juguetear con la mía. Como un sueño hecho realidad.
Al entrar nos tiramos de un salto sobre la cama, pero la verdad sólo sé que nos dormimos casi al instante, quizás producto de los martinis que bebimos. Por suerte al rato, al despertar decidimos ponernos más cómodos..
Le extendí la mano para que viniera conmigo, ella aceptó, mientras entraba, yo deslizaba los pavilos de su top con mis dientes y labios. Ella terminó de desnudarse lentamente en el baño y se quedó allí, con un pie sobre el borde de la tina, como una excitante escultura griega, para que yo pudiera contemplarla, como a ella secretamente tanto le gusta.
Llené un pocillo y fuí hasta ella, dejando que el agua cayera sobre su cabello, su delicioso cuerpo color canela, sus piernas y sus maravillosos pechos, que son como un par hermosos luceros en la oscuridad.
Su carita estaba levantada, y sus ojos color oscuros intenso aparecían ardientes y brillantes como brazas, mirándome a través del agua que descendía en cascada sobre su rostro.
Juntos entramos apasionadamente en la gran bañera, deleitándonos mutuamente. Yo queriendo ser un surfista cabalgando las curvas de su tentador oleaje corporal, cual surfista intentando remontar aquella ola que embiste incesantemente las rocas con el vaiven del deseo. Queriendo surcar el mar del fondo de su piel oculta, una y otra vez sin importar el tiempo hasta que llegue aquel ardiente y excitante ocaso.
Ella disfruta intensamente cuando beso su fragante joya, mientras con sus manos presiona mi rostro contra su delicioso secreto oceánico que me regala de par en par, susurrando desbordada mientras se estremece humedecida con mi lengua, sintiendo su delicado sabor.
Ella me mira hacia abajo reiteradamente con sus ojos entornados y una mueca de placer en sus jadeantes labios; retorciéndose intensamente, disfrutando de sus espasmos una y otra vez, mientras sus muslos envuelven mi cabeza, cuando la llevo al cielo con mi boca.
Lenta y deliciosamente ahora formo parte de ella, trayéndola hacia mí fuertemente de sus caderas de movimientos ondulatorios a horcajadas. Hipnotizado por sus pechos en movimiento constante sobre mi boca, fragantes de dulce nectar que no tardo en llevarlos a mi boca. Ahora somos uno, con su aliento y su cabello en mi rostro, mientras la miro de reojo en el espejo de la habitación cuando siento que llega lenta y delicadamente -entre gemidos- a la estremecedora "petite mort" ("pequeña muerte" -del frances).
La satisfacción es dulcemente inmensa y plena, al ver su hermoso rostro, extasiado y sudoroso de respiración entrecortada. Es ahí cuando después ella se gira mirándome con renovado deseo, ofreciéndome su espalda, nuevamente su cintura trayéndola con fuerza hacia mi, y ella girando su cabeza con sus tentadores labios, como el más bello de los mandalas....... una poética DeLIDIA......Para nuevamente llegar al cielo que palpita en nuestras sienes, escuchándola gemir, besando y oliendo secretamente su cuello con aroma a palo santo y sal.
Caímos exhaustos como guerreros, como nadadores después de una prueba. Y así nos dormimos, abrazados como gatos lamiéndonos y oliéndonos al calor del fuego entre las sábanas.
Ya por la mañana, al despertar pensando en traerle desayuno, vi brillantes escamas como escarcha en el piso de la habitación, las que me hicieron salir a buscarla por el pasillo, por el lobby del hotel. Siguiendo el rastro por las calles, no entendiendo dónde se había ido tan bella y extraordinaria mujer, que me había asesinado incontable y deliciosas veces la noche anterior.
Me sentía como un cadáver viviente, buscando ese preciado eleixir para seguir con vida. Haber podido disfrutar de su cuerpo sin armadura, pero de toda su dulzura me traía ensimismado y trastornado en la busqueda. El camino de brillo se encaminaba hacia la playa, donde a lo lejos la vi, con aquel bello y diminuto bikini naranja mientras se sumergía en el mar de la mañana, donde nunca más la volví a ver.
Ha pasado ya más de una año de esa mágica experiencia, y aún me pregunto si fue de verdad lo vivido, o fui victima del embrujo de aquella despampanante y seductora sirena viñamarina de piel canela y música al andar.
De todas formas aún conservo miles de fotos suyas que tomaron mis ojos mientras sonreía de placer, sobre la cama de ese cuarto de hotel.